Arzobispo de Tánger pide no reducir la crisis en Ceuta a una única causa
“Creo que en este caso no se puede simplificar, lo político tiene que ver, pero hay que analizar todas las variables”
Alrededor de 80 mil personas cruzaron la frontera entre Marruecos y Ceuta, un exclave español al norte de Marruecos, en pocas horas el 30 de julio, colapsando una ciudad de apenas 83 mil habitantes.
Las causas detrás de la crisis no están del todo claras. La inmensa mayoría de migrantes indocumentados regresaron a Marruecos animadas por las autoridades españolas y ante la imposibilidad de cruzar a España continental. Pero alrededor de 7 mil siguen en Ceuta, incluyendo alrededor de mil menores.
La crisis ha causado confusión y caos en el mundo político y religioso español. Algunos en la Iglesia – incluyendo al presidente de la Conferencia Episcopal Española – han llamado la crisis una “invasión”, mientras que otros se han enfocado en la respuesta humanitaria.
The Pillar habló con Mons. Emilio Rocha, OFM, Arzobispo de Tánger, sobre la crisis de la semana pasada, la situación en el terreno en Marruecos hoy y la situación migratoria de la región.
La entrevista ha sido editada por motivos de extensión y claridad.

¿Qué pasó en la frontera entre Ceuta y Marruecos el 30 de julio? ¿Y cuál es la situación hoy, tanto en Ceuta como del lado marroquí de la frontera?
Lo que ocurrió el 30 de julio coincidió con la Fiesta del Trono, que es la fiesta civil más importante en Marruecos porque es el aniversario de la coronación del rey Mohammed VI. Esto que sucedió es algo que ha sucedido muchos años, pero a menor escala: la entrada masiva de personas desde la frontera marroquí en unas pocas horas. La mayoría de ellos marroquíes, pero también no pocos migrantes subsaharianos.
Las cifras últimas del gobierno español hablan de 72 mil personas que entraron en una ciudad de 80 mil. Por lo tanto, prácticamente doblaron la población de una ciudad que está limitada al sur por la frontera marroquí y al norte por el Mediterráneo. Es un enclave pequeñito que no tiene salida más allá del Mediterráneo o hacia Marruecos.
Entraron a la ciudad miles de personas en una marcha sorprendente porque fue un día en el que las carreteras estaban muy vigiladas en aquella zona. Ceuta está pegada a la ciudad marroquí de Medik que es donde el rey celebraba la Fiesta del Trono.
Pero por ahí pasaron miles de personas que pudieron acceder a través del espigón, la pequeña saliente de tierra entre Marruecos y España. Entonces, atravesando el mar, sales de Marruecos por nado muy corto.
En España se habla de que se aprovechó una decisión del Tribunal Supremo de España, que reconoce que así como quien entra atravesando fronteras físicas puede ser devuelto a su país de origen sin grandes trámites, si se hace por una frontera no física, como el mar, no son susceptibles de este tipo de devolución “en caliente”.
También se habla de que la propia regularización de migrantes del gobierno español de hace unos meses pudo ser una llamada. Lo cierto es que 72,000 personas entraron de manera irregular en una ciudad pequeñísima, creando una dificultad grande dentro de la ciudad, aparte del drama humano de quienes entraban.
Yo pienso que muchos de ellos no eran de la zona norte de Marruecos, sino del centro, y, por tanto, no sabían nadar. Es imposible ahogarse en un trecho tan corto si sabes nadar.
Pero se lanzaban con elementos de flotación muy precarios, viendo que era muy poca la distancia. Estamos en el Estrecho de Gibraltar, con corrientes muy fuertes que van del Mediterráneo hacia el Atlántico. Entonces uno quiere ir en línea recta, pero el mar te empuja hacia el Atlántico. Se habla de más o menos 100 fallecidos: 72 cuerpos, como mínimo, se han encontrado en España; otros 12 o 15 que han contabilizado las autoridades marroquíes y luego varios desaparecidos.
Es un drama humano muy importante. La situación hoy está ya más tranquila. Hubo un regreso masivo de los marroquíes de nuevo a Marruecos, voluntariamente, pero animados por las autoridades españolas. Creo que muchos entendieron que Ceuta, siendo una ciudad tan pequeña, sin frontera terrestre con el resto de España, no ofrece mayores posibilidades.
No es como si entraras por el sur en Andalucía y puedes llegar a otras partes de España o Europa, en Ceuta solo tienes Mediterráneo adelante. Por lo tanto, la mayoría entendió que esa ciudad no les permitía desarrollar mínimamente el proyecto de vida con el que habían salido, y regresan.
Se habla de que quedan unos 2000 según el gobierno central, 6000 según el gobierno de Ceuta. Yo entiendo que muchos de ellos son migrantes subsaharianos, de países y situaciones políticas en las que es posible tramitar el estatuto de refugiado político, como Sudán. Estos son los que en su mayoría se han quedado en Ceuta, mientras que los marroquíes que siguen en Ceuta son un número muy pequeño.
Hay quien habla de invasión, por los precedentes de la Marcha Verde y de la otra ola masiva de 2021. Hay quien habla de gente desesperada huyendo del hambre, y también de la necesidad de recibir más migrantes en Europa. ¿Cuál es la realidad aquí, y por qué 70 u 80 mil personas deciden cruzar la frontera en un solo día?
Usted me está preguntando por un misterio. Se han dado varias opiniones que corren por los medios de comunicación europeos. Se habla de posts en redes sociales que decían de que la frontera estaba abierta y es muy curioso que siendo la fiesta del Rey, había una gran vigilancia pero la gente pasaba como si nada.
Hay quien habla de invasión, si vamos a lo etimológico, lo fue, una gran masa de personas entrando en el territorio de otro país. En lo político, no lo sé. Hay una reivindicación de hace mucho tiempo de Marruecos sobre Ceuta y Melilla y puede ser que algunos lo interpreten así.
Para todos esto ha sido una sorpresa. Yo participé en la Fiesta del Trono porque, según el protocolo real, el obispo de la diócesis donde se celebra el acto es parte del grupo de 50 personas que saludan al Rey ese día.
Volviendo del acto, veíamos subir a cientos de jóvenes corriendo por la carretera hacia el norte. Y pensábamos: ¿será la salida de un partido de fútbol? ¿un concierto? Porque eran todos jóvenes corriendo a las tres de la tarde con un sol impresionante y no entendíamos.
Allí había policía pero nadie hacía nada. Entonces, ¿qué hay detrás? Pues no sé. ¿Hambre? Ciertamente no. En Marruecos no hay hambre. Marruecos es un país donde hay una gran desigualdad social, es un país en crecimiento, pero cuyos beneficios económicos no repercuten en toda la población.
Hay situaciones de pobreza y de precariedad pero no de hambre. Yo puedo entender que muchos de estos jóvenes ven pasar la prosperidad delante de sus caras, yendo siempre en otras direcciones mientras que a ellos no les alcanza. Eso les puede animar a tirar hacia Europa, que por parte nuestra los europeos vendemos como un paraíso, como una maravilla.
¿No cree que haya habido participación de mafias de tráfico de migrantes, como se ha dicho en redes sociales?
No lo creo, porque las mafias se mueven por dinero. Estos jóvenes pasaban sin dinero, muchas veces sin camiseta, apenas con unas chanclas, muchos siquiera sin una mochila sin pertenencias, entonces no parece ser gente que haya pagado a una mafia para cruzar la frontera. Las mafias están involucradas en los pasos con pateras y cosas por el estilo.
Entonces sigue siendo una sorpresa y un misterio. Todas estas interpretaciones tienen un punto de razón, pero creo que en este punto no sabemos la causa concreta.
¿Cuál ha sido el papel de la diócesis y de la Iglesia en Marruecos en atender a los retornados, y qué más se puede hacer en ambos lados de la frontera?
Primero habría que dar algo de contexto sobre la Iglesia en Marruecos. Este es un país grande, de unos 450 mil kilómetros, como España, dividido más o menos en dos diócesis que se corresponden con los antiguos protectorados español y francés previos a la independencia: La diócesis de Rabat que ocupa 80% del territorio y la diócesis de Tánger, que ocupa el antiguo protectorado español, que es justamente el norte hasta Argelia. Es una diócesis pequeña, unos 30,000 kilómetros cuadrados.
Por otra parte, el Sahara Occidental, está a cargo de un prefecto apostólico, también español, el Padre Mario León, OMI. A nivel político, esta región es peculiar: en la práctica funciona como una provincia marroquí —la policía es marroquí, las autoridades son marroquíes, la sanidad es marroquí—, pero hay un conflicto en cuanto al reconocimiento jurídico.
Según el Anuario Pontificio, en Tánger hay 3,000 católicos, pero yo estoy convencido de que son más. Tanto Rabat como Tánger son diócesis particularmente vivas por la presencia importante de jóvenes subsaharianos, muchos de ellos becados por el gobierno marroquí
Sin embargo, la mayoría de estos jóvenes regresan a sus países de origen al terminar sus estudios. Entonces tienes una población estable en la diócesis, en su mayoría europea y de edad avanzada y luego gente más joven que son estudiantes, diplomáticos o empresarios, que suelen pasar acá entre tres y cinco años.
Esto hace que la diócesis sea muy cambiante. Tanto en Rabat como en Tánger perdemos cada año el 25% de los católicos y ganamos otro 25%. Por tanto, el plan pastoral es muy difícil de mantener con tan poca estabilidad. Pero estos jóvenes, mientras están, son verdaderamente una fuente de vida y de alegría para nuestras comunidades parroquiales.
Es una diócesis pequeña en la que, desde hace 12 o 15 años —ahora en menor medida—, ha habido un asentamiento muy fuerte de la migración, porque al estar ya en el límite de Marruecos con el Mediterráneo y, por tanto, con Europa —14 kilómetros de Tarifa, en España— es una especie de tapón: llegan aquí, y los que pueden pasar, pasan, y los que no, se quedan aquí.
Ahora es menos, porque la presión ha tirado hacia otras partes, pero aun así sigue habiendo una fuerte presión migratoria, que se atiende a través de la Delegación Diocesana de Migraciones, que tiene sede en Nador —junto a Melilla—, en Tetuán, en Tánger, y una pequeña delegación en Alhucemas y en Castillejos, justamente junto a Ceuta.
Ahí hay una ayuda que queremos que sea integral, con proyectos financiados por la Unión Europea, que tienen que ver con sanidad, psicología, trabajo social, ayuda al regreso al propio país si lo desean —para aquellos que están en detención o en situación irregular, que también hay un buen número—. Durante muchos años la pastoral social se ha centrado fundamentalmente ahí y la atención a los marroquíes pasaba a través de Cáritas.
Los que han retornado no necesitan una ayuda particular. Es más: las familias están esperando en la parte marroquí, y el drama es que muchos esperan a sus hijos y familiares y no vienen. Entonces no saben si están entre los muertos, entre los desaparecidos, o se han quedado en Ceuta, y por alguna razón no logran contactar por teléfono.
Pero no necesitan ayuda particular para el regreso; vuelven a su casa, poco a poco, pero vuelven a casa. A la ida sí fue necesario un apoyo por parte de la comunidad javeriana que hay en Fnideq, que fue desbordada totalmente, porque aquello era una avalancha imposible de sostener para una pequeña comunidad en una ciudad pequeña, con los recursos que tiene la Iglesia, que son mínimos.
Usted comentó que hay que separar la realidad de los migrantes subsaharianos que cruzan por Marruecos de la de los migrantes marroquíes. ¿Por qué?
Los subsaharianos que llegan hasta la diócesis han atravesado buena parte del desierto del Sáhara. No se sabrá nunca cuántos hay sepultados entre las arenas del Sáhara. Aquí hay una atención por parte de las Misioneras de la Caridad, a mujeres embarazadas y muchos de esos embarazos son fruto de violaciones o de encuentros sexuales en el desierto. Por tanto, es una realidad muy dramática. Cuando llegan aquí, su deseo es saltar a Europa como sea.
Marruecos es un lugar de paso, prácticamente nadie desea quedarse en Marruecos. Vienen huyendo del hambre, de la violencia, de la guerra, de la sequía: dramas auténticos. La realidad marroquí es diversa, como decía antes. Marruecos es un país en expansión económica, con muchas inversiones extranjeras. Es un país con posibilidades, con recursos, donde están haciendo muchas inversiones en infraestructuras.
Por ejemplo, el puerto de Tánger es un puerto comercial, uno de los mejores del Mediterráneo, pero se está terminando uno semejante en Nador, junto a Melilla, y otro en Dajla, en el Sáhara Occidental, al sur. Por tanto, el comercio marítimo del Mediterráneo, y en buena medida también del Atlántico con África, lo va a capitalizar Marruecos. Esto supone un crecimiento, incluso en estructuras llamativas: en Casablanca se está terminando el mayor estadio de fútbol del mundo.
Con lo cual, esto habla de un país que tiene recursos. Ahora, esos recursos no llegan a todo el mundo. Hay una parte de la población que vive con notables carencias. Son estos los que intentan saltar a Europa, no tanto por hambre, sino porque es muy fuerte la atracción de la publicidad y también de la cantidad de inmigrantes marroquíes que ya están en Europa, y que les hablan de las posibilidades que hay.
Cuando vienen aquí de visita, vienen con unos relojes impresionantes —algunos de ellos alquilados— para hacer ver que les va muy bien. Todo esto es un atractivo grande, que hace que aquí haya marroquíes pensando que Europa puede ser una solución para sus vidas.
No es tanto el hambre, sino este deseo importante de progresar, de salir de una situación de muchas carencias para ir a un destino que se les presenta como mucho más rico y abundante. Pero son dos perfiles diferentes.
Los que quedan ahora mismo en Ceuta son en su mayoría subsaharianos. Muchos de ellos están siendo examinados para ver la posibilidad de que haya un proceso de refugio político, porque hay situaciones que lo requieren. Mientras que prácticamente jamás le van a dar a un marroquí el estatuto de refugiado, porque no ha lugar. Hay quizá casos individuales donde se pueda, pero en general la situación de Marruecos no prevé un estatuto de refugiado.
Tanto en el viaje a España como Magnifica humanitas, el Papa León XIV habla del “derecho a permanecer en la propia tierra”. ¿Qué puede hacer la Iglesia también para promover esta realidad? Se advertía de un “efecto llamada” por la regularización extraordinaria de migrantes del gobierno español a comienzos de año y por la decisión del Tribunal Supremo que usted mencionó.
La Iglesia en Marruecos es pequeña, de mucha tradición, pero es pequeña. Y en la pequeñez, tenemos nuestros proyectos para ayudar a la gente que está acá. Dentro del edificio del obispado tenemos un proyecto que lleva tres años funcionando con niños en situación de calle. Hay un grupo importante de niños que viven en la calle, con todo lo que esto conlleva a nivel físico, biológico, sexual, de salud—enganchados ya desde muy pequeños a esnifar disolvente, y luego pasando a drogas más fuertes.
Se empezó con un trabajo de calle con los niños, en sus lugares, y después con un centro de día, y hay una pequeña casa-familia donde viven 11 niños, todos escolarizados, todo pensado para que estos chavales puedan enlazar luego con la formación profesional y alguno con estudios superiores de tal manera que en Marruecos tengan una capacitación que les permita, dentro del propio país, gestionar la vida y vivir con dignidad.
Es un modelo similar al que aplicamos con las mujeres: se trabaja muchísimo con las mujeres —marroquíes también— en un centro de corte y confección, de formación, que les permite, por una parte, socializar entre ellas en el centro, y luego poner pequeños talleres de corte y confección, o trabajar en las empresas de confección que hay en torno al puerto de Tánger, donde hay una gran demanda de mano de obra. Nuestras escuelas de corte y confección trabajan con las mismas máquinas que las empresas, así que es mucho más fácil que puedan acceder a un trabajo en esas empresas.
Son cosas pequeñas a nivel numérico, pero muy importantes. Cristo se hubiera encarnado por una sola persona. Entonces, si logramos sacar adelante a un niño, a una mujer, a una persona en dificultad, habrá valido el esfuerzo. Vamos haciendo lo que podemos, sin ponernos expectativas estadísticas espectaculares, porque no es posible, pero reconociendo cada éxito como algo que justifica toda nuestra labor caritativa y social con la población marroquí.
¿Y cree que se ha politizado la crisis, de un lado y del otro?
La crisis es política en su naturaleza. Lo que sucedió la semana pasada, ha sucedido antes dependiendo de las relaciones entre los dos gobiernos de España y Marruecos. Cuando hay problemas, los migrantes se convierten en una especie de aviso.
Si las relaciones van mal, como en el 2021, se abre la puerta y se dejan pasar a miles de migrantes. Esta vez la cosa es mucho más extraña, no está claro el móvil detrás de la operación. Pero que se ponga más o menos rigor en la contención de la migración del lado marroquí siempre depende de las relaciones entre los dos países.
Aunque hay muchas más razones. Creo que en este caso no se puede simplificar, lo político tiene que ver, pero hay que analizar todas las variables como en un gran rompecabezas.
¿Qué hacer de aquí en adelante, desde la Iglesia, en diálogo con las autoridades civiles de ambos países, ante este tipo de situaciones?
Nuestro diálogo con las autoridades españolas es nulo más allá de la embajada española y los consulados con los que tenemos una muy buena relación.
Con las autoridades marroquíes hay una excelente relación, que se fundamenta también en la lealtad mutua: nosotros somos leales a las leyes marroquíes, tratamos de respetar la ley, y dentro de ese respeto podemos conversar con el gobierno. En lo religioso, tenemos libertad para actuar dentro de nuestros propios templos y con reconocimiento de ciertos derechos.
Es importante cultivar esta libertad religiosa que nos permite vivir, y al mismo tiempo movernos entre la población marroquí con mucha normalidad. Por tanto, este es un dato a tener en cuenta. Ahora, nosotros no somos interlocutores políticos, porque no nos corresponde. Podemos tener nuestras opiniones y nuestra sensibilidad, y esa la podremos compartir con las autoridades españolas en Marruecos, por si quieren tomar en cuenta algo. Pero entrar en ese juego nos deslegitimaría a nivel religioso.
Y la Iglesia, en primer lugar, lo que intenta es ser una presencia de Cristo, anunciar a Jesucristo. Aquí lo hacemos fundamentalmente con las obras, pero también dando la formación católica, sosteniendo y alimentando la fe. Pero no nos corresponde entrar en un discurso político. Lo nuestro en ese ámbito es lo social y tenemos una respuesta y una acogida bastante favorable por parte del gobierno marroquí.
